El monasterio de Dornvald se alzaba como una fortaleza de piedra gris contra el cielo plomizo. Anya contempló la estructura medieval desde la ventanilla del coche que había alquilado para llegar hasta aquel rincón remoto de Argemiria, donde las montañas parecían tocar las nubes y el silencio tenía una cualidad casi tangible.
El edificio, con sus torres puntiagudas y muros cubiertos de hiedra, parecía sacado de un cuento gótico. Un lugar perfecto para ocultar secretos, pensó Anya mientras el veh