Quedaban 47 minutos.
Adrián caminaba de un lado a otro en su oficina como un león enjaulado. Yo estaba sentada en el sofá, con las manos temblando sobre mi regazo. El equipo de seguridad y los abogados esperaban instrucciones en la sala contigua.
—Transferimos el 51% —dijo de pronto Adrián, deteniéndose frente a mí—. Es la única forma de ganar tiempo. Si mi padre quiere el control, se lo daremos… temporalmente. Mientras tanto, mi equipo rastreará la cuenta y lo localizaremos.
Montes, el jefe de