El luto en el mundo financiero es una debilidad que los tiburones huelen a kilómetros de distancia. Por eso, cuando la noticia del "repentino e inesperado colapso cardíaco" de Clara Voss llegó a las redacciones de Wall Street a primera hora de la mañana, no suspendí la sesión del mercado. No me escondí. En lugar de eso, utilicé su funeral —organizado de manera exprés, hermético y estrictamente privado en una capilla de Manhattan— como la distracción perfecta.
Mientras los analistas y los invers