El zumbido de los terminales de Bloomberg y el murmullo ensordecedor de los reporteros financieros creaban una sinfonía de puro caos en el atrio principal de Varela Global. En las pantallas gigantes de la pared este, los gráficos de Zúrich Trust Global fluctuaban de manera salvaje, dibujando una línea errática que parecía el electrocardiograma de un moribundo. Wall Street contenía el aliento.
Caminé con paso firme hacia el estrado, el tacón de mi calzado resonando con una cadencia militar sobre