El olor a whisky derramado y el zumbido del ascensor vacío marcaron el fin del mundo tal como lo conocíamos. En cuestión de minutos, la opulencia de nuestro ático fue sepultada bajo el despliegue de un centro de mando militarizado. Los hombres de confianza de Adrián blindaron los accesos, mientras el equipo de limpieza bajaba a la planta baja con la macabra misión de recuperar el cuerpo de Clara antes de que la seguridad estándar del edificio o las autoridades interfirieran.
Yo no lloré. El dol