El eco de la amenaza de Julian Thorne aún flotaba en la atmósfera cuando las puertas de nuestro ático de seguridad se cerraron a nuestras espaldas. La gala había sido un triunfo de nuestra presencia, pero el veneno del Círculo Áureo había logrado infiltrarse por las grietas del sistema internacional.
Dejé caer mis tacones sobre la alfombra del vestíbulo y me apoyé contra la pared de cristal. Un dolor sordo, punzante y pesado se instaló en la parte baja de mi abdomen. Apenas habían pasado un par