La mañana de la Asamblea Extraordinaria amaneció con una quietud sepulcral.
Gracias a la información del disco duro que Dante me había entregado, mis abogados habían interpuesto seis medidas cautelares antes del amanecer. Los artículos difamatorios desaparecieron de la red, los editores fueron amenazados con demandas millonarias y la prensa financiera fue amordazada. Había apagado el incendio.
Me paré frente al espejo de cuerpo entero en el ático, ajustando los botones de mi traje sastre de col