El aire acondicionado del coche se sentía como un aliento gélido contra mi piel. Salí de la oficina del notario con las piernas temblándome, pero no por el enfrentamiento con Adrián, sino por la imagen que quemaba en la pantalla de mi teléfono.
Ese hombre vestido de enfermero no era parte del personal que yo conocía.
Miré por el retrovisor. Sabía que los hombres de Adrián estarían siguiéndome a una distancia prudencial, informándole de cada uno de mis movimientos. No podía ir directamente al ho