El subsuelo cero de Varela Global era un laberinto de servidores y acero que solo Adrián y yo conocíamos. Entramos al edificio envueltos en las sombras de la tormenta, empapados, cubiertos de fango y cenizas, burlando a nuestro propio equipo de seguridad porque nosotros habíamos escrito los códigos. El mundo entero nos creía cadáveres calcinados, y nosotros íbamos a usar ese fantasma como nuestra arma más letal.
En cuanto la pesada puerta del búnker de contingencia se selló herméticamente a nue