Los flashes de la prensa financiera parpadeaban con una violencia ensordecedora en el vestíbulo de Varela Global. Los titulares matutinos se habían desentendido de los rumores de divorcio; el mercado ahora intentaba procesar un terremoto mucho mayor.
Caminé por el pasillo central de la sala de juntas con la barbilla en alto, marcando el paso con mis tacones sobre el mármol. A mi lado izquierdo, vestida con un traje sastre negro que ocultaba los vendajes de su costado, Valeria Rivas mantenía una