No regresamos al Hotel Imperial. Alejandro controlaba ahora las cuentas de Varela Global, y cualquier rastro de tarjeta de crédito sería una baliza para sus matones legales.
Adrián condujo en completo silencio por las calles laberínticas del distrito financiero hasta adentrarse en la zona residencial más exclusiva de la ciudad. El SUV se detuvo frente a un edificio de cristales tintados que no aparecía en ningún registro corporativo. Era un ático que Adrián había comprado en efectivo años atrás