El sonido metálico de la llave al tintinear sobre el suelo de mármol puso fin a la tensión dentro de aquella suite. Diego no perdió ni un solo segundo. Mientras sostenía el teléfono que aún continuaba grabando, se inclinó, tomó la llave y avanzó a pasos largos hacia la puerta sin dignarse a mirar a Mónica por última vez.
Detrás de él, Mónica se dejó caer de rodillas al borde de la cama, cubriéndose el rostro mientras el llanto de la frustración y la histeria finalmente estallaba. Sin embargo, a