—¿De verdad lo dejó afuera?
Elena murmuró para sí misma mientras se frotaba los ojos, aún pesados por el sueño. Bajó las piernas de la cama y dejó que el leve mareo remanente le punzara la cabeza un instante antes de salir de la habitación.
Bajó las escaleras casi corriendo, ignorando la debilidad que aún no abandonaba del todo su cuerpo. La curiosidad dominaba sus pensamientos en ese momento. Al llegar a la puerta principal, giró la llave y abrió despacio.
No había nadie en el porche. Solo la