—Llevas rato distraída. ¿Acaso estás pensando en alguien, Elena?
El susurro de Arez, pegado a su oído, le cortó la respiración de golpe. Estaban tan cerca que podía sentir el calor que emanaba de la piel del hombre.
Como un acto reflejo, Elena echó el cuerpo hacia atrás, alejándose en el sofá de cuero donde estaba sentada. Con prisa, retiró la mano vendada del agarre de Arez, intentando disimular con desesperación el descontrolado ritmo de su corazón.
—Yo... no estaba pensando en nadie, señor —