—¿Quién besó a quién?
La voz de Elena se elevó con agidez, rompiendo el silencio sofocante que de pronto se adueñó de la mesa. Por reflejo, su mano rozó la taza de té, haciendo que un poco de líquido se derramara sobre el mantel.
Sebastian se congeló. La cuchara en su mano se detuvo a pocos centímetros de su boca.
—¿Qué dijo, abuela? ¿Un beso?
Giró la cabeza con rapidez hacia Elena y luego miró a Arez con expresión de incredulidad. La comisura de sus ojos se tensó.
Arez no dio muestra alguna de