—Me iré.
La voz de Monika tembló mientras se limpiaba las lágrimas con brusquedad. Su mirada se clavó en Elena, cargada de un odio que ya ni siquiera intentaba ocultar.
—Pero recuerda esto, Elena —continuó en un susurro afilado—. Tal vez hoy puedas esconderte detrás de la espalda de Diego. Pero ante la ley, ante la familia Alvarez y ante el mundo… sigues sin ser nadie. No eres más que un juguete temporal.
Con un movimiento lleno de rabia, Monika sacudió el bolso de diseñador que llevaba en l