La puerta de madera de roble aún no se había cerrado por completo cuando el eco de unos pasos apresurados rompió el silencio del pasillo. Sergio caminaba con la respiración ligeramente agitada, sosteniendo un dispositivo móvil en la mano derecha. Su rostro, habitualmente sereno, reflejaba una mezcla de tensión y un sutil destello de alivio.
Al notar la inusual llegada de su asistente, Diego detuvo sus pasos justo en el umbral de la habitación de Elena. El aura gélida que antes emanaba con fuerz