—Todos los documentos para el congelamiento de activos de la familia de Mónica están listos, señor. Tuvimos una victoria absoluta en el tribunal esta mañana —dijo Bruno mientras colocaba una carpeta gruesa sobre la mesa de cristal.
Diego ni siquiera miró la carpeta. Estaba sentado en su silla de escritorio, con la mirada perdida a través del gran ventanal que mostraba el paisaje de Madrid. Una barba de pocos días cubría su mandíbula. Su camisa negra estaba arrugada y sus ojos lucían rojos por l