Patrick se encontraba inquieto. La recepción elegante estaba vacía: solo tres escritorios y un silencio pulcro. El lujo se percibía en todos lados. En verdad, Alexander tenía un gusto exquisito.
Dio todos sus datos. Era temprano... o tarde. Casi la una de la tarde. La habitación se la darían hasta las tres, pero le ofrecieron usar las regaderas del spa si quería ponerse cómodo mientras tanto.
Salió en dirección a los baños. La maleta que traía era pequeña, solo para dos días. Su intención era c