Después de los recuerdos que reviví con Eleanor y los últimos días de mi abuelo, me sentía por fin centrada en el presente. Sabía que había llegado el momento de hablar con Alexander, de contarle la verdad sobre mi enfermedad.
Íbamos en un solo coche, ya que el mío lo había dejado en su oficina. No quería regresar allí ni mucho menos trabajar esa tarde. Ver a Eleanor me había dejado emocionalmente agotada, pero también con la fuerza necesaria para, por fin, enfrentar mi realidad.
Alexander cond