Había llegado por fin el día. Sentía que mi cuerpo estaba completamente fuera de lugar. La maquillista y la peinadora habían llegado a la mansión. Tenía ganas de salir corriendo. La verdad, tenía miedo. Pánico. Sentía que mis entrañas saldrían por mi boca si comenzaba a hablar en cualquier momento. Tenía unas ganas inmensas de vomitar. Desde el día anterior no había probado bocado, salvo unos cuantos sorbos de jugo.
Mi padre no asistiría a la ceremonia. Yo misma se lo había pedido. No quería q