Salimos juntos de la habitación. Ya no tenía miedo; mis celos se habían calmado y el plan que teníamos se iba a ejecutar. Ambos teníamos esa curiosidad, esa sed de saber los verdaderos motivos detrás de cada una de las acciones que nos habían llevado hasta este punto.
El gerente del hotel les había asignado una zona exclusiva, así como un privado en el restaurante, para evitar que las demás se dieran cuenta de que ella estaba ahí. De este modo, podrían llevar a cabo el plan que habían elaborado