La mansión Lewis Benson parecía más grande de lo habitual. Más silenciosa. Más vacía, a pesar de que no pasaba un solo minuto sola.
Anne se encontraba en la sala principal, sentada en el mullido sofá de terciopelo azul que siempre le había parecido innecesariamente ostentoso. Tenía una manta ligera cubriéndole las piernas y una infusión de manzanilla entre las manos. No le gustaba el sabor, pero Gabriel la preparaba cada mañana con una mezcla de insistencia y ternura que hacía imposible rechaza