Sintió el fuerte aroma del alcohol en su nariz, y también la voz angustiada de Evan llamándola. Quiso levantarse del sofá donde estaba recostada, pero de nuevo sintió que todo le daba vueltas. Probablemente le había afectado no desayunar.
—No te preocupes, Evan —habló con los ojos cerrados y la voz serena—. Es solo que no desayuné, así que pide algo a la cafetería. Ellos ya saben lo que me gusta: un jugo de naranja y café, por favor.
—Te llevaré a casa en cuanto desayunes bien. En casa solo tom