Huellas del Desierto (2da. Parte)
El mismo día
Tikrit, Irak
Yassir
Pender de un hilo era horrible; yo lo sabía en carne propia. Mucho peor, sin embargo, fue sentir el tiempo en mi contra: las manecillas avanzaban y mi destino se me escurría de los dedos como granos de arena. Me aferraba con uñas y dientes a ese atisbo de esperanza, aunque la razón me gritara que quizá no era sensato. Quizá debía dejar de desafiar al destino, admitir que no había traído felicidad, sino que había manchado la casa de los míos.
Yo era, para qué nega