91: Un Nuevo Demonio al Asecho.
El sobre llegó un jueves por la mañana, como tantos otros, en la bandeja de correo que Margaret vaciaba cada día a las nueve en punto. Pero este era diferente. No tenía remitente, no tenía sello, no tenía ninguna marca que pudiera identificarlo. Solo el nombre de William escrito con una caligrafía antigua, de esas que se aprenden en colegios privados donde los niños usan uniforme y los maestros usan varas al estilo de Troncha Toro.
Margaret me lo entregó con cara de preocupación.
—Señorita Hele