—No me llames así. —Se volvió hacia mí—. Valeria Renard murió hace diez años. Y Laura Renard murió en el centro comercial. A partir de ahora, no soy nadie. No tengo nombre. No tengo historia. No tengo nada.
—Tienes una oportunidad —dije, hablando por primera vez—. Una oportunidad de empezar de nuevo. De verdad, esta vez. Sin mentiras. Sin máscaras. Sin hacer daño a nadie.
Me miró. En sus ojos vi algo que no esperaba: cansancio. Un cansancio tan profundo que parecía haber estado ahí desde siempr