166: El Eco de la Ausencia
Samuel se fue, y la ciudad pareció exhalar un suspiro colectivo que ninguna sirena ni bocina logró interrumpir. Los días siguientes al enfrentamiento en el almacén fueron extraños, como si el tiempo hubiera decidido detenerse para permitirnos digerir lo que habíamos vivido. William volvió a su rutina con una intensidad que bordeaba la obsesión, sumergiéndose en el trabajo como quien se arroja al mar para olvidar la sed. Yo, en cambio, me quedé en casa, con Charles en brazos y Lucy a mi lado, obs