206: La Casa en el Campo.
El verano llegó a Nueva York con un calor sofocante que hacía que el asfalto de las calles brillara como espejos líquidos. El penthouse, que normalmente era nuestro refugio, se había convertido en una jaula de cristal donde el sol se filtraba sin piedad, y los niños, inquietos y aburridos, comenzaban a mostrar signos de agotamiento.
Fue Lucy quien lo dijo primero, una tarde mientras miraba por la ventana con los ojos tristes.
—Mamá, ¿por qué no podemos ir a un lugar donde haya árboles? —pregunt