167: La Tinta y la Sangre
El lunes siguiente al enfrentamiento con Samuel, el sol de la mañana entró por los ventanales del penthouse con una luz implacable que no dejaba espacio para las sombras. Helena se levantó antes de que los primeros rayos dorados se posaran sobre la cama vacía, con la certeza de que aquel día marcaría un antes y un después en la vida de su familia. No había dormido bien, aunque llevaba noches sin hacerlo, pero aquella mañana el cansancio era diferente, más ligero, como si la adrenalina hubiera re