Narrado por William
Meses después.
El invierno había llegado a Nueva York con una furia que no se veía en años. Las calles estaban cubiertas de nieve, los edificios se alzaban como fantasmas blancos contra un cielo plomizo, y el viento cortaba la piel como cuchillos de hielo. Pero dentro del penthouse, todo era calidez y luz. Las chimeneas crepitaban, las luces de Navidad parpadeaban en las ventanas, y el olor a canela y chocolate caliente llenaba cada rincón.
Helena estaba en su octavo mes de