164: El Día que la Verdad Despertó.
El regreso a casa fue un viaje silencioso, pero no el mismo silencio tenso de otros días. Era un silencio distinto, más profundo, como si las palabras hubieran quedado atrás en el almacén, como si los ecos de nuestra conversación con Isabel aún resonaran en el vacío de la noche. William conducía con una mano en el volante y la otra en la mía, con sus dedos fríos pero firmes, anclados a los míos como si temiera que pudiera desvanecerme si me soltaba. La ciudad pasaba a nuestro alrededor como un r