163: El Almacén de los Fantasmas.
La calle 47 estaba desierta cuando llegamos, como si el mundo hubiera decidido apartarse de aquel lugar maldito donde tantas historias habían comenzado y terminado. El almacén abandonado se alzaba frente a nosotros, con sus ventanas rotas y sus paredes cubiertas de grafitis, igual que la primera vez que lo vi, igual que todas las veces que había vuelto a él en mis pesadillas. La luz del atardecer se filtraba a través de los cristales rotos, lanzando sombras alargadas que se retorcían en el suelo