Capítulo 27
El ambiente, que hasta hace unos segundos se sentía cálido y ligero, cambió de golpe. La tensión se hizo tan espesa, en especial por las miradas retadoras que tenían los dos lobos.
La presencia de Xavier era tan potente que no necesitaba decir nada para volverse el centro de atención. Y ahí estaba, de pie frente a nosotros, con esa mirada que siempre lograba hacerme temblar a pesar de que yo intentaba hacerme la fuerte.
—¿Qué hacen aquí? —preguntó Ares, dejando la hamburguesa a un