Capítulo 26
Pude alterarme, asustarme ante su presencia, incluso titubear mil excusas que el no iba a creer, pero no lo hice.
Me quedé quieta. Ares también mantuvo la calma, como si supiera que debiamos fingir normalidad, aunque eso incendiara la cabeza Xavier, de pie frente a nosotros, sostenía un ramo de flores que terminó aplastado contra el suelo segundos después.
—¿Qué haces aquí, Ares? —gruñó, con los ojos llenos de rabia y los puños apretados como si quisiera romper algo, su respiració