Capítulo 37
Los ancianos empezaron a correr de un lado a otro, me tomaron de las manos y algunos incluso se postraron ante mi presencia, como si me tratara de un ser celestial.
Como pudieron empezaron a despertar a Ares, el aún se sentía muy débil, apenas podía sostenerse en pie.
—Mi señor, tiene que marcar a su loba, es importante que marque a Mía —empezaron a decirle.
Ares movía la cabeza, me miró directamente, me acerqué para darle la tranquilidad de saber que estaba bien, y que yo estaba de