Mundo ficciónIniciar sesiónLa primavera llegó al puerto con un aire tibio que olía a sal, flores silvestres y tierra mojada. A temprana hora, el muelle de madera amaneció bañado por un sol brillante que dispersaba la niebla matutina.
Mia caminaba descalza por la orilla, sintiendo el choque suave del agua fría en sus pies. Llevaba una bata ligera de seda sobre el pijama y un cuaderno de bocetos apretado contra el pecho. A unos metros de ella, Antonio, vistiendo únicamente un pantalón de lino blanco y con el torso






