Mundo ficciónIniciar sesiónEl rugido del motor del avión fue sustituido por el susurro rítmico de la marea al caer la tarde sobre la costa. De vuelta en la casa del puerto, el aire cargado de salitre, pino y tierra húmeda los recibió como el único abrazo verdadero. La capital, con sus luces encandiladoras, sus críticos de arte y sus sombras corporativas, había quedado reducida a un reflejo distante en el retrovisor del tiempo.
Antonio cerró el portón principal de roble con un golpe seco y definitivo. El sonido ret






