Mundo ficciónIniciar sesiónEl aire del atardecer traía el aroma dulce de las buganvillas que trepaban por las paredes de piedra de la casa del puerto. El horizonte se teñía de tonos carmesí y violeta, mientras el sol tocaba el mar en un espectáculo silencioso que parecía detener el tiempo.
Mia estaba sentada en el escritorio de madera maciza frente al gran ventanal de la biblioteca. Sobre la mesa descansaba un libro encuadernado en piel oscura, de páginas gruesas y bordes ligeramente irregulares. En la portada, g






