Mundo ficciónIniciar sesiónLa tarde caía mansamente sobre la bahía, tiñendo las aguas con una paleta de tonos ámbar, violeta y carmesí. En la casa del puerto, el silencio no era un vacío, sino una presencia tibia y llena de vida, acompañada únicamente por el vaivén rítmico de la marea y el crujido suave de los pinos.
Mia caminaba por el borde de la terraza descalza, sintiendo la madera aún tibia por el sol del día. Llevaba un vestido holgado de color arena que se amoldaba con gracia a sus pasos. Entre sus manos so






