Capítulo 22: El Rescate de la Leona
El aire en la celda de Antonio olía a cemento húmedo y a la desesperación de mil hombres que habían pasado por allí antes que él. Sin embargo, Antonio no era un prisionero común. Estaba sentado en el borde de su catre, con la espalda recta, cerrando los ojos para visualizar el mapa de la ciudad que tenía grabado en la memoria. No lo habían llevado a una prisión pública; Elena lo había confinado en una instalación privada bajo la Torre, un lugar donde los derechos humanos eran una sugerencia y n