CAPÍTULO 16
EMILIANO FERRER
CELOS
Desde aquí puedo observar cómo mi principessa mueve su cuerpo al ritmo de la música. No puedo dejar de mirarla; los movimientos de su cadera me invitan a ir a tomarla entre mis brazos. Estoy embelesado y no me canso de detallar cada parte de ella y esa manera tan sensual y sexy al moverse.
Siento algo que me golpea y me saca de mi trance. Miro a Marcos riéndose.
—¿Qué te pasa, idiota? ¿Por qué me pegas? —le digo.
—Tengo rato hablándote y no me escuchas. Estás c