Después de escuchar educadamente el largo sermón del Doctor sobre cómo se debe «ver» a un caballo y no solo mirarlo, regresé a pie a la mansión. Fue una pésima decisión. El dolor en mis piernas comenzó casi de inmediato y empeoró con cada paso.
Sería un milagro si pudiera levantarme y andar mañana para los planes programados. Sabía que en cualquier momento Alex me pediría que pusiera en práctica mi entrenamiento acompañándolo a lugares o asuntos de trabajo. Desde mi punto de vista, aún no estab