CAPÍTULO Treinta y Tres: Bajo su mirada
El camino al gimnasio se sintió más largo de lo que debería.
Cada paso que daba por el pasillo cargaba un peso que no podía explicar—como si las paredes mismas me estuvieran observando, esperando a que cometiera un error. Mis pensamientos gritaban en mi cabeza, más fuerte que mi propia respiración.
La voz de Fernando se repetía una y otra vez. "Juega a ser la espía", había dicho.
Tragué saliva y apreté los dedos contra el borde de mi manga mientras camina