La amenaza de Alice me siguió mucho después de que salió de mi habitación.
—Si no regresamos para mañana, me iré de este maldito lugar y al diablo todas las consecuencias.
La mayoría de la gente hacía amenazas de forma emocional. De manera imprudente. Alice las hacía con una sinceridad aterradora. Ese era el problema.
Me paré sin camisa en el balcón superior que daba a la orilla de la playa privada de abajo, mientras la noche se asentaba pesadamente sobre el océano. La delgada bata colgaba floj