UNA APUESTA PELIGROSA. Capítulo 43: Una carta para el amor
KYLE LYNCH
Nos acercamos a las mesas de póker y a la ruleta, pero lo que en verdad la cautivó fueron las máquinas tragamonedas.
—¿No prefieres que juguemos «Texas Hold’em» o «BlackJack»? —pregunté recargado en la máquina con los brazos cruzados, viendo la emoción en su rostro mientras tiraba de la palanca.
—Ni siquiera sé qué es eso… —contestó sin apartar su mirada de la pantalla de colores.
—Y que tal… ¿Póker de prendas en el pent-house, solo conmigo?
Sus mejillas se sonrojaron, sus oj