RESISTIÉNDOSE AL AMOR. Capítulo 33: El dolor de la traición
ELIZABETH REED
De pronto unas risas interrumpieron al abuelo y a mí, provenían del recibidor. Lo acompañé para ver lo que ocurría y entonces la impresión me paralizó y me dio náuseas. Mi tía Estela y Finn parecían haber llegado de algún lugar, ella vestía casual, adquiriendo un aspecto más juvenil y colgaba del brazo de ese pelirrojo mientras se le derretía en coquetería.
—Regresaron… —dijo mi abuelo alegre—. Parece que pasaron una gran velada.
¿Gran velada? ¿Qué velada? ¿Habían salido juntos?