RESISTIÉNDOSE AL AMOR. Capítulo 32: Un buen abuelo, un pésimo padre
ELIZABETH REED
Los ojos de mi tía se abrieron tanto que creí que se le saldrían y su rostro enrojeció de la rabia. Tenía razón, yo estaba aquí por necesidad, por mi bebé, y acataría sus órdenes con tal de no perderlo, pero si por sus estupideces, mi bebé sufría, ella sufriría mil veces más. No descansaría hasta arrancarle la cabeza y clavarla en una lanza fuera de esta casa. ¡Ellos no eran mi familia! ¡Ella no era mi tía!
—¿Beth? ¡Mi niña! —exclamó mi abuelo rompiendo con la tensión. Era lo ún