34. No quería amarlo.
Zaira
Abrí los ojos lentamente. Sentía una pesadez horrible y la garganta completamente seca. Cuando por fin logré abrirlos bien, vi a un hombre recostado a mi lado. Al enfocarlo mejor, reconocí a Leonardo. Intenté incorporarme, pero mi cuerpo aún dolía, así que llevé la mano a mi vientre.
—Mi bebé —susurré despacio.
Leonardo abrió los ojos al instante.
—Zaira, has despertado.
—¿Cómo está mi bebé? —pregunté. Él me miró con extrañeza y luego colocó su mano sobre mi vientre.
—Por suerte el bebé e