34. No quería amarlo.
Zaira
Abrí los ojos lentamente. Sentía una pesadez horrible y la garganta completamente seca. Cuando por fin logré abrirlos bien, vi a un hombre recostado a mi lado. Al enfocarlo mejor, reconocí a Leonardo. Intenté incorporarme, pero mi cuerpo aún dolía, así que llevé la mano a mi vientre.
—Mi bebé —susurré despacio.
Leonardo abrió los ojos al instante.
—Zaira, has despertado.
—¿Cómo está mi bebé? —pregunté. Él me miró con extrañeza y luego colocó su mano sobre mi vientre.
—Por suerte el bebé está bien, y tú también. Lograron extraer el veneno. Por ahora no quiero que hables ni te preguntaré nada hasta que lleguemos al rancho ¿ok? Quédate tranquila, el bebé crece muy bien.
Bajé la mirada y limpié la lágrima que comenzaba a salir. Noté que me observaba; sabía que quería hacerme muchas preguntas, pero se estaba conteniendo. Tampoco era el momento.
—¿Dónde está mi madre y mi sobrino? —pregunté sin mirarlo a la cara.
—Tu madre estuvo contigo hace un rato, luego fue a comer algo con Marcos