30. ¡Él tenia un hermano!

Zaira

Por la mañana bajé a desayunar porque realmente tenía hambre. Anoche no cené y me quedé dormida llorando; tenía los ojos tan hinchados que, aunque me puse un poco de cortisona, igual se notaba. Lo primero que escuché fue a mi sobrino diciendome que parecía un mapache.

—Hijo, ¿por qué eres así? Deja a tu tía, si no vez que, no está de humor —dijo mi mamá.

Yo rodé los ojos y sí, no estaba de humor para nada. Tenía tantos problemas acumulados que sentía que en cualquier momento iba a colapsar.

—¡Buenos días! ¿Cómo está la panzoncita más bonita de esta casa? —escuché a mis espaldas.

Al girar, me encontré con Griselda, la hermana del ogro. Me levanté y ella se acercó para darme un abrazo fuerte.

—Siéntate, no te levantes. María preparó algo delicioso para mí, pero no sé si te va a gustar — comento sonriendo.

Yo le devolví una sonrisa falsa; no quería sonreír con nadie, aunque ella no tuviera la culpa de mi desgracia, pero su hermano sí. Era un ogro de lo peor.

—No se preocupe, puedo
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